Riesgo: el eterno dilema

El riesgo siempre será un elemento integral del proceso de inversión. El sector se ha tornado cada vez más sofisticado y experto en la gestión de riesgos de cartera, pero el mundo suele presentar escenarios nuevos y sin precedentes asegurándose así de que el riesgo plantee un reto constante. Este está siendo sin duda el caso en 2020, con una pandemia que ha creado desconcierto e incertidumbre a nivel mundial. Sin embargo, los objetivos que persiguen los inversores permanecen inalterados, y a medida que nos adentramos en esta nueva realidad, un abanico más amplio de enfoques de inversión podría ser el antídoto necesario para gestionar el riesgo y satisfacer los requisitos de liquidez.
La Gran Inestabilidad se está convirtiendo en la nueva normalidad
El comienzo de una nueva década suele ser un momento de cambio, pero esta vez, la pandemia ha exacerbado las tendencias económicas y de mercado existentes, en lugar de dar pie a nuevas. Un aspecto destacado a este respecto es que la búsqueda de rentabilidad se ha tornado más apremiante si cabe. Las medidas monetarias de emergencia implementadas por los bancos centrales en todo el mundo significan que los tipos de interés permanecerán bajos durante más tiempo del que se esperaba. Esto significa que las rentabilidades al vencimiento (TIR) de la deuda pública de calificación elevada permanecerán en su mayor parte negativas, lo cual perjudicará a los fondos de pensiones y compañías de seguros que necesitan tener en cartera estos activos por motivos regulatorios.
Tras sufrir una fuerte caída inicial, la renta variable parece haber brindado cierto alivio: el índice S&P 500 alcanzó un nuevo máximo histórico a mediados de agosto. Pero como siempre, las cifras globales ocultan la realidad. El motor de este repunte ha sido el sector tecnológico, que se ha beneficiado de los cambios en los patrones de consumo y de trabajo inducidos por la pandemia, mientras que otros sectores han sufrido un varapalo. En última instancia, la volatilidad y la incertidumbre se han disparado en todos los mercados de acciones, obligando a los inversores en busca de renta a asumir más riesgo, y a las gestoras a tomar decisiones difíciles de asignación de activos.
En busca del equilibrio adecuado
Las situaciones complicadas suelen conllevar decisiones complejas. Los planes de retirar las restricciones de confinamiento a fin de reactivar el crecimiento económico han elevado el riesgo de una segunda ola de la pandemia. Los inversores se enfrentan a un dilema similar (si bien menos dramático) a la hora de equilibrar una cartera: el acceso a fuentes de crecimiento sostenible debe alinearse con los parámetros de riesgo acordados. Encontrar la combinación idónea es de vital importancia.
En esta época de incertidumbre, a los activos tradicionales les está costando jugar el papel que han venido desempeñando hasta ahora. Como decíamos, uno ya no puede confiar en la deuda pública para obtener una renta estable, y aunque la renta variable ofrece potencial de crecimiento, es recomendable adoptar un enfoque cauto en el marco de la volatilidad e impredecibilidad reinantes en la actualidad.
Al mismo tiempo, las mayores primas de riesgo de la deuda corporativa reflejan el golpe sufrido por los beneficios de las empresas, cuyas calificaciones de crédito se están deteriorando en línea con la economía. Por su parte, los mercados emergentes se enfrentan a riesgos a corto plazo en un entorno de endeudamiento creciente y descenso de los ingresos, aunque esto está reflejado en forma de valoraciones razonables y existen grandes diferencias de atractivo entre países. Cabe destacar la evolución del mercado chino, impulsada por el respaldo brindado por el gobierno y el banco central, y por su proporción elevada de empresas tecnológicas.
Considerar alternativas en un momento poco convencional
Con la perspectiva de elecciones presidenciales en Estados Unidos, la continuación de las tensiones comerciales y un gobierno chino envalentonado, es poco probable que los próximos meses nos brinden tregua. Ello significa que la búsqueda de áreas seguras, familiares y menos volátiles en las que invertir, unida a una gestión estratégica del riesgo, podría requerir una perspectiva más amplia.
Esto es particularmente cierto para los inversores institucionales, cuyo binomio riesgo/rentabilidad debe satisfacer requisitos regulatorios complejos y cambiantes tanto en Europa como a nivel mundial. Los fondos de pensiones, por ejemplo, deben cumplir sus compromisos de crecimiento a largo plazo, lo cual les obliga a invertir en activos de riesgo sin dejar de observar estrictas restricciones de riesgo, como por ejemplo niveles máximos de volatilidad y de retroceso.
En el actual entorno de baja volatilidad, satisfacer estas necesidades y obligaciones invirtiendo en activos tradicionales se ha tornado más difícil. Un enfoque diferente es considerar inversiones alternativas. Los activos no tradicionales abarcan una amplia gama de estrategias de inversión y pueden ofrecer atributos de diversificación atractivos, como por ejemplo una baja correlación con sus homólogos tradicionales. Otrora considerados como un mero nicho de mercado, a lo largo de la última década se han convertido en un componente importante de muchas carteras, en el marco de la búsqueda de renta por parte de los inversores.
Paralelamente a las operaciones en mercados tradicionales, los alternativos pueden brindar acceso a oportunidades de inversión menos habituales. Las finanzas estructuradas se concentran en activos que generan flujos de caja, mientras que las estrategias con activos reales (como la deuda de inmuebles comerciales y de infraestructura) brindan exposición a activos físicos de gran tamaño como aeropuertos, carreteras y edificios que pueden aportar una prima de iliquidez respecto a bonos corporativos de calificación similar. Por su parte, la inversión factorial trata de generar mayores niveles de rentabilidad ajustada al riesgo a partir de motores contrastados de activos tradicionales, como por ejemplo calidad, valor, inercia (momentum) y baja volatilidad.
El actual paisaje económico y de inversión parece muy distinto al experimentado previamente. Una nueva perspectiva orientada más allá de los activos tradicionales podría ser la clave para construir carteras sólidas y mejor capacitadas para soportar desarrollos negativos en los mercados. Dicho esto, es indispensable que toda solución siga incorporando una comprensión básica de los objetivos de inversión y actitud de riesgo del inversor.
Enfocar el riesgo con astucia a la hora de invertir
No hay forma de eludir el riesgo: es omnipresente, especialmente para los inversores. Sin embargo, la pandemia y el consiguiente descalabro económico lo han amplificado, alimentando la incertidumbre y haciendo imposible pronosticar con precisión el comportamiento de los mercados. Y mientras persista este entorno caótico, la demanda de rentabilidad de inversión continuará e intensificará la presión para encontrar rentas sostenibles y satisfacer los compromisos de liquidez.
Como inversores, necesitamos agudizar nuestra concienciación en torno al riesgo. Combinar la cautela y el ingenio incorporando un enfoque alternativo más amplio y profundo podría ayudarnos a navegar la incertidumbre reinante hoy en día.
En BNP Paribas Asset Management entendemos que el actual entorno es desconcertante para nuestros clientes. Por este motivo, nos planteamos los problemas desde múltiples ángulos. Cuestionamos tanto lo normal como lo anormal para considerar si lo que ha funcionado en el pasado seguirá funcionando en el presente. Quizá seguir haciendo lo habitual resulte ser lo correcto, pero una ruta alternativa podría terminar satisfaciendo las necesidades de nuestros clientes de forma más efectiva. En cualquier caso, antes de invertir, investigamos.
Tenemos un equipo dedicado de soluciones multiactivo y de clientes que explora modos de ayudar a nuestros clientes institucionales a satisfacer sus necesidades regulatorias y de inversión. Para ello, aprovechamos nuestros amplios conocimientos y experiencia, escudriñamos lo último en investigación y cuestionamos el pensamiento convencional.
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